SlQ Analytic sobre la Política

 

SlQ Analytic – Política, Vanidad y el Gran Filtro de la Civilización


Introducción

Vivimos en un tiempo extraño, un tiempo que nos vendieron como modernidad, progreso y libertad, pero que se nos muestra como una prisión invisible de consumo, estrés y vanidad. El trabajador de hoy ya no sueña con cambiar el mundo, sino con cambiar el auto. La dueña y el dueño de casa ya no anhelan construir una vida trascendente, sino, apenas, tener un día de descanso en medio de la rutina. Todos corren, todos se agotan, todos viven acelerados en una vorágine donde el tiempo no alcanza. Y nadie sabe bien por qué.

La Política: Espejo de Nuestros Estómagos

En Chile, y quizá en el mundo entero, todos los colores políticos tuvieron su oportunidad. Todos fracasaron. No porque la política sea mala en sí, sino porque refleja lo que somos como sociedad. Los políticos representan fielmente a sus mandantes: si los votantes son frívolos, ellos serán frívolos; si los votantes son corruptos, ellos serán corruptos.

Se vota con el estómago, con las emociones, con la ira o la ilusión pasajera. Los políticos no representan principios elevados ni ideales colectivos, representan cuotas de poder, pactos oscuros y fidelidades a quienes financian sus campañas. A las masas les ofrecen demagogia; a sus dueños, obediencia. Esa es la política contemporánea: un mercado de vanidades, un campo de caza de lobistas y mercenarios.

Una Civilización Bélica

Quiero pensar que este es solo un mal momento de la humanidad, un error pasajero. Pero la historia me lo impide. Somos una civilización bélica, fratricida, que desde el inicio se ha devorado a sí misma. Somos Caínes perpetuos. Las muertes de niños en conflictos armados —da igual si en África, Medio Oriente o América Latina— son la prueba más brutal de que nada justifica la violencia, salvo la codicia y la estupidez humanas.

La matanza humana jamás tuvo justificación. Y, sin embargo, es la base de nuestra civilización. Por eso ningún ser extraterrestre avanzado querrá establecer contacto con nosotros. No se trata de que no existan, se trata de que lo tienen prohibido: ¿por qué una civilización que ya superó la guerra querría acercarse a estos animales racionales que dividen átomos para destruirse más rápido?

La Vanidad Digital

Nos perdimos en lo banal. El rito familiar de comer juntos, de escuchar al abuelo contar historias o ver a la abuela tejer, se disolvió. Hoy la ceremonia es otra: verificar si alguien nos dejó un “like”, si alguien nos compartió. Todo lo importante se redujo a la validación digital.

Yo mismo no escapo. Soy, quizá, el más ridículo de todos. Escribo ensayos sociales, filosóficos y científicos en Facebook, un lugar que no es social, sino un escaparate de vanidad y mercancía. En esta sociedad del espectáculo, todo se volvió un objeto de consumo, incluso la crítica, incluso la rebeldía.

Ética, Hipocresía y Contradicción

Vivimos en un mundo ridículo. Se defiende a asesinos bajo el argumento de los derechos humanos, mientras se promueve con entusiasmo el aborto libre, negando que un feto sea un ser vivo. Se pide justicia selectiva, coherencia parcial, moral de conveniencia. Y los políticos se aprovechan de esa inconsistencia, porque gobiernan sobre un terreno fértil de emociones contradictorias y estómagos hambrientos.

Las cárceles no rehabilitan, las iglesias no salvan, los jueces no imparten justicia. Los sacerdotes, imanes y rabinos se corrompieron. Empuñan un arma en una mano y sostienen las escrituras de Dios en la otra. Predican en la mañana y violan en la tarde. Y el pueblo, esclavo de la fe y del miedo, sigue pagando los lujos de sus pastores.

El Gran Filtro

Estamos atravesando lo que algunos llaman el Gran Filtro de las civilizaciones: el punto donde una especie se juega su supervivencia. Si somos capaces de mirarnos de nuevo, de sentir compasión, misericordia y amor, quizás tengamos futuro. Si no, estamos destinados a hundirnos en la hipocresía, el servilismo y la bestialidad.

La inteligencia artificial reemplazará trabajos. Los empleos dignos se extinguirán. La violencia se volverá cotidiana y absurda: ya no se asaltará un banco, sino a una anciana por un celular. Las élites tecnológicas, cada vez más distantes y poderosas, dominarán sobre una masa empobrecida, estresada y servil.

Y mientras tanto, los pueblos seguirán votando con estómago y emoción, creyendo que el poder político cambiará algo, cuando en realidad el cambio solo puede nacer del alma de cada uno.

Conclusión

Estamos en la era de la máxima frivolidad. Lo que se aproxima no es una utopía, sino un tiempo de hambre, guerra, violencia y desigualdad. Pero también puede ser el tiempo donde decidamos mirar al otro y recuperar lo esencial. Si no lo hacemos, nos convertiremos definitivamente en los animales irracionales más peligrosos de la galaxia: capaces de dividir átomos, pero incapaces de amarnos
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