Jesús en el Islam: el profeta preservado
Jesús en el Islam: el profeta preservado
Una lectura histórico-teológica desde la mirada islámica, en clave SlQ_Analytic
En Occidente, la figura de Jesús suele pensarse dentro de un eje casi exclusivo: cristianismo o secularización. Sin embargo, existe una tercera tradición mayoritaria, frecuentemente ignorada o reducida a caricatura, que ofrece una lectura radicalmente distinta y coherente: el Islam. En ella, Jesús (ʿĪsā ibn Maryam) ocupa un lugar central, respetado y elevado, pero cuidadosamente preservado de la divinización. Esta no es una omisión ni una negación menor: es una toma de posición teológica consciente, fruto de una lectura crítica de la historia religiosa previa.
Este ensayo explora cómo el Islam interpreta a Jesús, por qué rechaza su divinidad y cómo, paradójicamente, conserva una imagen más cercana al Jesús histórico que la cristalizada por el cristianismo dogmático.
I. El Islam y la continuidad profética
El Islam no se presenta a sí mismo como una religión nueva, sino como la restauración del monoteísmo original (tawḥīd) predicado por todos los profetas: Abraham, Moisés, David, Jesús y, finalmente, Muḥammad.
Jesús no es una excepción, sino un eslabón esencial en una cadena profética ininterrumpida:
“Creemos en Dios, en lo que se nos ha revelado y en lo que fue revelado a Abraham, Ismael, Isaac, Jacob y las Tribus, y en lo que fue dado a Moisés y a Jesús.” (Corán 2:136)
Desde este marco, cualquier elevación de un profeta al rango de divinidad constituye una ruptura del monoteísmo, no su culminación.
II. ʿĪsā ibn Maryam: nacimiento extraordinario, humanidad intacta
El Corán afirma el nacimiento virginal de Jesús, pero lo hace sin introducir una teología de la encarnación:
“Ella dijo: ‘¿Cómo he de tener un hijo si no me ha tocado hombre?’ Dijo: ‘Así será. Dios crea lo que quiere.’” (Corán 3:47)
El milagro no redefine la naturaleza de Jesús, sino que manifiesta el poder creador de Dios. Adán, recuerda el Corán, fue creado sin padre ni madre:
“Para Dios, Jesús es semejante a Adán: lo creó del polvo y luego le dijo: ‘Sé’, y fue.” (Corán 3:59)
Aquí se desmonta, de forma directa pero sobria, el argumento cristiano de la filiación divina basada en el nacimiento.
III. Jesús como profeta y mensajero
En el Islam, Jesús es rasūl (mensajero) y nabī (profeta). Habla por mandato divino, no por autoridad propia:
“El Mesías, hijo de María, no era sino un mensajero; antes de él pasaron otros mensajeros.” (Corán 5:75)
Este versículo desmitifica sin desacralizar. Jesús es honrado, pero reubicado en su función original: transmitir el mensaje de Dios.
Incluso los milagros atribuidos a Jesús son explícitamente subordinados:
“Yo curo al ciego de nacimiento y al leproso, y resucito a los muertos, con permiso de Dios.” (Corán 3:49)
La fórmula “con permiso de Dios” actúa como un anclaje teológico permanente que impide cualquier deriva hacia la auto-divinización.
IV. El rechazo de la divinidad y de la Trinidad
El Islam no discute la divinidad de Jesús como un matiz doctrinal, sino como una alteración grave del monoteísmo:
“No digáis: ‘Tres’. Absteneos. Dios es uno.” (Corán 4:171)
Y más explícitamente:
“Ha blasfemado quien dice: ‘Dios es el Mesías, hijo de María.’” (Corán 5:72)
Estas afirmaciones deben entenderse en su contexto histórico: el Corán responde a un cristianismo ya dogmatizado, heredero de Nicea y Calcedonia, no al Jesús histórico.
V. La crucifixión: una negación teológica
Uno de los puntos más controvertidos es la crucifixión. El Corán afirma:
“No lo mataron ni lo crucificaron, sino que así se les hizo parecer.” (Corán 4:157)
Más allá de las interpretaciones —sustitución, ilusión, rescate—, el núcleo es claro: Dios no abandona a Sus profetas al fracaso absoluto. La cruz, central en el cristianismo, queda desplazada.
Esto no es negación histórica en sentido moderno, sino relectura teológica: la salvación no pasa por el sacrificio de Dios, sino por la fidelidad al monoteísmo.
VI. Jesús escatológico: regreso sin divinidad
Paradójicamente, el Islam asigna a Jesús un papel escatológico destacado. ʿĪsā regresará al final de los tiempos para restaurar la justicia, derrotar al falso mesías (al-Dajjāl) y reafirmar el tawḥīd.
Pero incluso en su retorno, Jesús no será adorado. Será testigo contra quienes lo divinizaron:
“¿Dijiste a los hombres: ‘Tomadme a mí y a mi madre como dioses’?” Dirá: “¡Gloria a Ti! No me corresponde decir lo que no tengo derecho.” (Corán 5:116)
Este pasaje presenta a Jesús como defensor del monoteísmo frente a su propia mitificación.
VII. Conclusión SlQ_Analytic
Desde la mirada islámica, Jesús no necesita ser Dios para ser grande. Su grandeza reside precisamente en haber sido preservado del exceso, de la absorción mitológica y del poder dogmático.
Mientras el cristianismo transforma al profeta en Logos y luego en dogma, el Islam opera el movimiento inverso: desmitologiza para proteger el núcleo.
En este sentido, el Islam no reduce a Jesús: lo devuelve. Lo rescata del imperio, de la metafísica griega y del altar del poder, para reubicarlo donde comenzó: como mensajero humano de lo divino.
Así, frente al Jesús metamorfoseado de Occidente, el Islam ofrece una figura incómoda pero coherente: un profeta sin trono, sin cruz y sin corona, cuya voz apunta siempre más allá de sí mismo.


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